El viernes en la quería hacer algo; llamarle alguien, ver a alguien, tomar cerveza hasta emborracharme. Le hablé a unos amigos pero nada…. fuuuuu, me está costando escribir, me siento desanimado y quisiera saltarme todo el preámbulo y llegar al centro, pero creo que tampoco el centro me emociona en especial. Cómo que no tengo fuerza en los dedos. Bueno, lo que iba decir es que el viernes hablé con Veronica, antes de tomarme las cervezas que había comprado para ponerme hasta la madre y escribir. Me acordé que tenía el teléfono de su casa…¿por qué no le había llamado antes a su casa? o le mandaba mensajes o le hablaba a su celular y nunca la encontraba. Tal vez lo había estado aplazando. Marqué a su casa y ella me contestó. Estuvimos hablando casi por una hora; la plática fluía suave, sin pensar demasiado, como un fuelle perfectamente engrasado. Quedamos de vernos el Domingo a las 12 en el metro para ahí ir al centro. En cuanto colgué algo se soltó, cómo si un nudo se hubiera desamarrado y estuviera soltando unos puntos de endorfinas por mi garganta, por las piernas y el corazón. Estaba tan emocionado porque, bueno, mi historia con Verónica es larga, y aunque sólo una vez, en elNuevo Orleans le di un beso, apenas suave, que hizo hasta que me mareara, es de las chicas que más me han gustado. Estaba pensando que con ella si me gustaría andar y, aunque me controlé un poco, una parte de mi lo repetía con fuerza y se imaginaba quedándose a dormir con ella, todos los días, en esta cama, y despertándome a su lado todos los días, al menos por un tiempo (no sea si sea bueno o malo, pero mis fantasía llegan hasta ahí, no pasan de estar perdidamente enamorado y despertarme con ella y hacer cosas juntos todos los días, no alcanzan a llegar al matrimonio a “toda la vida”. La otra parte d emi decía que eso sería renunciar a lo que escribí hacía poco, que quería acostarme con una montaña de chicas distintas y pasarme la noche despierto, abrzandondolas, besándoles los hombros, y que mejor me calmara para no hacer una tontería.
Ayer fue el domingo y unos cuarenta minutos antes de que llegara la hora en la que nos habíamos quedado de ver, me mandó un mensaje que me decía, perdón, pero ni siquiera llegué a mi casa, salió algo imprevisto. Te hablo al rato. Ya sabía que era ella cuando sono el mensaje y que lo más seguro era que cancelara. Me sentí enojado, pero sólo un segundo y me puse a terminar o que estaba haciendo en la compu. Luego me salí, para no quedarme encerrado y mientras caminaba al metro me tambaleaba un poco por el miedo d eno estarme tragando la tristeza; no quería esconder el sentimiento en ningúna parte, pero no llegaba nada concreto. ¿Era para enjarse, era para que me doliera? Lo único claro que tenía era que no quería saltarmelo, pero tampoco me lo quería inventar con tal de asegirarme a mi mísmo que no me estaba haciendo pendejo.
Hace rato, en la tarde, me sentí muy triste y no sé si sea porque ya llegó el sentimiento, unque sea con unas horas de retrazo. Me sentí lento, torpe, con mi bigotito ridículo. Hace rato me salí a correr y sentí un tirón en el pecho y una palpitación muy fuerte, de golpe, que rebotó en el oñido que, ahora, según mi nueva teoría es la causa de los mareos. Me detuve. Estube caminando por la colonia; di un paseo para ver las casas e imaginar lo que estaba pasando ahí adentro. La colonia es preciosa. Hay un aire d etranquildad y farolas a media luz que te calama enseguida. Pero hacía frío y yo sólo traía un short y además, unas cale después me dio el trión otra vez, y con ese segundo tirón ya no pude contener el miedo. ¡Esta vez sí, me omoriría, y como ni siquiera estaba mi mamá, ¿qué iba a hacer! ¿a quíen le iba a hablar? iba atener fuerza para agarrar el coche, o se puede hablar realmente para pedir ayuda cuando te está dando un infarto? Pero cóm, si el domingo en la mañana corrí como 25 minutos, y no me pasó nada y ademá soy joven y nunca me han detectado un problema, pero, pero? Heché d emenos la sensación de estar acompañado, adentro de estas casas tibias con toda la familia, serái bueno estar con mi mamá y balam, y con mis perras. ¿Qué era todo eso, los extraba extrañando? me sentí sólo y regresé a la casa. Cambié el coche de lugar y pasé por la calle de las putas para verlas otra vez; es una de mis cosas favoritas, verlas en la sombras d ela esquinas, con las tetas casi al aire y tratar de asomarme al interior de los coches que están parados a su lado preguntándoles cuanto cuesta el frances, o que les den por el culo.
Luego viene a escribir, a desmenuzar el nuevo tirón del pecho y descubrir de que estaba compuesto. ¿que porcentaje e spor Verónica? Cómo es que tan rápido las ilusiones que tenía el viernes y las sonrisas y los pensamientos que saltaban y caían hasta el futuro se transformaron en esto? ¿y cuanto es el porcentaje de extrañar a mi mamá y a mis perras, o que también la semana pasada trilce me cancelara y me dijera que luego nos veíamos y no me volviera a hablar?¿cuanto e spor poncho, que se fue ayer a barcelona y porque lo voy a extrañar?
Escrito por omar, el 11/01/2011 a las 12:16 am, con las etiquetas: Colonia Postal, Enfermedades, escribir, Hipocondría, Miedo, Muerte, Putas, Rechazo, Tristeza, Verónica. Deja un comentario aquí.
Lo único que podría decir para poner un pero al día es la vena que siento que late detrás mi mi oreja, enroscada, como una serpiente, latiendo en donde no debería de latir. Por lo demás fue un día muy bueno. Primero, porque hice mi primer carrera en la colonia postal; así, casi como Sidny Orh daba sus primeros pasos en Nueva York luego de una larga enfermedad; avancé con cuidado, probando que el cuerpo respondiera y: ¡respondió! no me maree ni una sola vez ni el corazón me latió de forma desmesurada y al final no tuve ningún infarto, ni nada.
Ahh, es difícil escribir con esta cosa enroscada detrás de la oreja. Me presiona. Quiere que haga algo porque desaparezca ya.
Regresando a la carrera, estoy muy orgulloso de haberme atrevido antes de irme a que me hicieran un electro por vigésima vez. Corrí cuando ni siquiera daban las ocho de la mañana y me sentí muy bien con el aire frío pasando a mis lados y pies nerviosos, cuidando de no exagerar y correr demasiado.
La segunda cosa que me gustó mucho fue asolearme en uno de los balcones de la biblioteca Vasconselos, mientras leía Estambul de Orhan Pamuk. Estaba ahí y al mismo tiempo viendo a Orhan de 5 años, en edificio Pamuk, hablándome de las calles, de lo que se sentía estar en una ciudad en blanco y negro y de los viejo y decrépitos palacetes del Bósforo que con el paso de los años fueron incendiados o derrumbados. Me sentí de vacaciones, leyendo, con los lentes oscuros, viendo el edificio de la ventral de buena vista y en el último piso una pareja que se abrazaba y besaba.
La tercera cosa de la que me gustaría escribir es esta: antes de entrar al metro Revolución para regresar a la casa me compré unas papás con chile (a pesar de que se salían totalmente de mi presupuesto-me quedan unos 50 pesos en cambio-), me senté en una maceta gigante de cemento, y me puse a ver lo que pasaba frente a mí; a unos cuantos pasos un montón de basura, de varios puestos ambulantes, abajo de una caseta de teléfonos; coches estacionados en el tráfico de la avenida y una señora viendo las revistas pegadas en la parte de adentro del cristal de un puesto de periódicos. Voltee la cabeza y pensé que era muy extraño verla ahí; tal vez era amiga del tipo del puesto pero, no parecía. Unos segundos la misma señora se me acercó y me dijo, “¿vamos”?. Tendría unos cuarenta y algo, era grande, un poco gorda y con una ropa normal, que si no me hubiera preguntado, “¿vamos?”, jamás habría pensado que era la de una prostituta.
Escrito por omar, el 07/01/2011 a las 12:02 am, con las etiquetas: Bósforo, correr, libros, Miedo, Muerte, Orhan Pamuk, Prostitutas, Turquía. Deja un comentario aquí.
Me asombra como Orhan Pamuk recuerda tantas cosas de su niñez, y contanta precisión; mientras paso las páginas de Estambul me sorprende la forma en la que se conoce a sí mismo y esa forma vuelque letras, vaciada en el papel, me hace querer escribir, pararme y escribir sobre mi mismo, sin otro objetivo que ayudarme a entenderme más. Y me hace mucha falta. Siempre que reviso las cosas que he escrito aquí me quedo con la boca boca abierta: ¿estaba sintiendo eso? Porque luego me gusta creer que no siento y los recuerdos, salvo algunos, calientes, vivos, que queman con un pedazo d eplomo al rojo vivo, se oscuresen, y se aplanan y me dejan creyendo que nunca he sentido nada, que nunca me he enamorado ni me han roto el corazón. Asi que ahora tengo toda la intención de escribir aquí cada noche, sobre cualquier cosa: lo que paso en el día o lo primero que s se me venga ala mente.
Voy a empezar con el día. 5 de enero. Dentero d eun ratito (porque son las 11 con cuarenta minutos) van a llegar los reyes magos. Auqnue me gustaría que me trajeran algo creo que el mejor regalo es que ya no estoy en mi casa, esperando a ver los regalos que mi mamá o yo mismo o balam habíamos dejado en la sala para reyes. Esto está mucho mejor, a pear de que duele más. Esta pensando eso hace ratito, de regreso en el metro, como a las 11, después de ver al viejo Poncho. Sentí que algo se habría, que la oscuridad de la noche era noche en verdad y no sólo una frase cualquiera. Sentí que estaba sólo y eso me despertó. Caminé hasta a casa. Quería pasar por la calle donde están la sputas, porque me gusta verlas, pero pense que no era tan buena idea. Llegue y empecé a escribir.
He estado muy cansado y justo en este momento siento algo como una vena palpitandome en lado izquierdo de la cabeza, detrás d ela oreja, sincronizada con el ritmo d elos dedos que caen sobre las teclas. Me espanta. Pero em estoy acostumbrando… y el cansancio… todavía me sigo mareando, aunque no tanto, hoy casi no em amree pero las piernas me temblaban. Puede ser que sea porque ayer María se quedó a dormir aquí, porque acaricie sus enormes tetas y su panza y sus piernas y luego cogimos, sólo un poco, y más bien rápido, por que no aguanté mucho. En lo que más me tardé fue en que se me parara y ni aún así se paró muy bien. Lo bueno fue que me lo tomé bien, no me preocupé mucho, y no había mucho que pudiera hacer. Yo creo que fue porque estaba muy cansado. Había estado fantaseando con Paulina y eso me ponia muy caliente y, a la hora de la hora, parecía un monje budista. Pero em gustó dormir con ella. Cuando desperté estaba muy contento. Oía claramente el sonido de la mañana meterse por la ventana cn sus pájaros y cohes agitandose a lo lejos como si fueran parte de un mar. Hice mi ejercicio muy contento y luego me puse a chambear para lo del sitio web.
A parte de todo esto, tal vez lo más importante sea que mientras cocinaba (una pasta a la que bauticé con el nombre de slumdog italian) me entró un verdadero ataque de miedo porque pensé que a lo mejor algo había salido mal, (un poco de esperma se había resbalado fuera del condón) y María podía quedar embarazada. El estómago se me dobló. Tal vez sea una de las últimas chicas con las que querría tener un hijo, o pasar demasiado tiempo a su lado. Me gusta coger con ella, aunque no demasiado y tener un hijo… de cualquier forma lo tendría, tener un hijo con quien sea sería increíble, por más que no quiera tener un hijo en este momento. Serí muy difícil y no me daría tiempo para nada y más con estos dolores y palpitaciones y cosas que sugieren enfermedades a mis oídos casi cada quince minutos, pero sería increíble. Por supuesto n viviría con María, estoy seguro de eso. N me gustaría que fuera la mamá de mi hijo pero si eso tuviera que pasara creo que encontraría la forma en que al final todo saliera bien. Quiero decir, que un hijo no me impediría seguir escribiendo, sé que esto no lo voy a soltar con nada, nunca. Tampoco dejaría esto que estoy descubriendo, sentir que estoy sólo otra vez, que algo se abre y que la oscuridad de la noche es noche en verdad. Y no sólo una frase
Escrito por omar, el 06/01/2011 a las 12:57 am, con las etiquetas: bebés, Crecer, embarazo, escribir, Miedo, Noche, Orhan Pamuk, Sexo, soledad. Deja un comentario aquí.
Termino la noche o empiezo esto a las 4:27 de la madrugada con un verso de Paul Eluard: “Con las quemaduras del día entre las manos”. Y es que el día y la noche recientes se pegan a la palma de mi mano y se arquean como un relámpago que escupe fuegs oscuro, confesiones, lágrimas de felicidad.
Vengo de casa de Viviana. Ahí conocí a una chica increíble.
Pero las quemaduras del día no son sólo por eso. Este fue un Día con toda la extensión de la palabra. Me levante algo crudo, cansado, como miedo a que la culpa comenzara a aparecer luego de que ayer pase algunas horas en casa de Julieta con unos amigos del primer semestre tomando bailis de los pobres, oyendo a Dylan, comiendo galletas y fumando. Pero afortunadamente la culpa no apareció ( de haber fumado, de haberme desvelado tanto y no haber escrito) así que puedo moverme durante el día sin mayor dificultad. Y así lo hago, o lo intento. Le ayudo a mi mamá con una presentación de Power Point para un taller que dará mañana (o más bien hoy dentro de unas horas) y me voy al taller de la escuela.
El taller de cuento con Cesar Gándara fue espectacular, nos dejo un ejercicio donde eramos cámaras fotográficas. Pero lo mejor fue el taller de poesía. Venimos cinco, Lola, Santiago (un amigo de Lola) Jacobo, Analia y Yo. Cada quien tenía que contar un recuerdo triste, el más triste que hubiera tenido, o alguno de ellos. Después rifamos los temas para que cada uno escribiera un poema con ellos. A mi me tocó el de Lola. Y fue muy chido estar ahí oyendo las historias de dolor de cada uno, lanzadas al aire, subiendo lentas y mezclandose entre nosotros como hilos de humos que nos unía al respirarlo. Jacabo contó una experiencia que me estremeció y que me hizo pensar mucho en mi papá y en su cuerpo grande y tibio y en todo el amor que he puesto en él. Pero no me tocó escribir su experiencia, si no la de Lola, la dulce Lola.
Mientras la escribía toqué algunos puntos (rojos) de todo el dolor que guardo dentro, y esos punto hicieron que las letras se estremeciera y se derrumbaran en el poema. Y lo mejor fue la sensación de cercanía, de compartir, que se formó con el humo de dolor elevándose entre nosotros, compartiendo nuestros pulmones y nuestros pedazos oscuros.
Saliendo de taller fui al bar de al lado con Jacobo y Analia. Tomamos cerveza y hablamos del mundial, de Uruguay y de Diego Forlán.
Y después a la casa de Viviana, de donde vengo, donde conocí a Itzel.
Y ahora no quiero inflarla. No quiero convertirla en un monstruo deformado por mis ideales. Pero estoy emocionado. Creo que nunca había platicado así con una chica. Jamas forcé nada, jamás apreté los lazos de la conversación para que se fijara en cierta parte mía o para que le pareciera interesante. Simplemente hablé y la palabras fluyeron como un líquido maravilloso, formando figuras de espuma, de auroras boreales y once dimensiones. Y no intentó decir que haya ocurrido algo novelesco si no que en verdad hablamos del sol y las auroras boreales y la teoría de las once dimensiones.
Pero mis palabras seguían y seguían y las de ellas mezclándose con las mías. Durante más de una hora nos abstrajimos del ruido de alrededor y hablamos de las enfermedades que te hacen crecer, de dolor pasivo y el dolor activo, de como la vida es como una diamante echo de tristeza y alegría, de los oscuro y lo luminoso, hablamos de estar presentes, de no sujetar las ideas y transformarlas en formulas que seguir para agarrarnos de ellas como una tabla salvavidas. Y hablamos y hablamos y hablamos y ella tenia unos ojos preciosos, oscuros y un cuerpo delgado como un pan maravilloso y una cara delicada y era alta y y y… cuando entró a la fiesta, tal vez una hora antes de que yo me sentará en el sillón a su lado y le preguntará ¿ oye, entonces, estudias física?, lo primero que pensé fue seguramente era una chica frívola y tonta (tal ves por lo guapa que era) pero ahora, de vuelta a la casa, mientras me examino las manos y las quemaduras de colores que el día ha dejado en ellas, pienso que no e así en absoluto. Que es una chica muy interesante
Antes de irme le pedí su teléfono. Creo que tiene novio. Me gustaría invitarla a la cineteca.
Escrito por omar, el 21/08/2010 a las 4:47 am, con las etiquetas: Amor, Bob Dylan, Cercanía, Compartír, Emoción, Fiesta, Ilusión, Mujeres, palabras, Poesía, Solidaridad, Taller, Tristeza. Deja un comentario aquí.
Me gusta sentir la verga parada. Apretando mi pantalon, sintiendo como la sangre pulsa y hace que se dilate la piel y las celulas y la carne. Me gusta tanto como escribir y aunque se que en este instante, otra vez, mi pene se levanta sólo para la imaginación y por las escenas de cumshots que riegan la pantalla de la computadora, y no por la presencia real de una chica, no me importa. Aunque claro, preferiria mucho más estar con una de ellas. Besarlas, acariciar sus muslos y luego derramar mi semen sobre sus caras.
Sin embargo uno no siempre tiene lo que quiere y en este momento no lo tengo, aunque que me gustaría.
De cualquier forma hoy fue un día interesante y siempre, por alguna razón, cuando más contento estoy más ganas tengo de coger. Mi mente y mi cuerpo y mi espíritu relacionan inevitablemente la alegría con esa sensación de dilatación, de placer palpitante, de vida regándose por la piel.
Hace uno momento terminé de escribir y me puse tan contento que me dieron ganas de coger. Pero no tengo ninguna chica, así que empecé a buscar todas esas imágenes de eyaculaciones sobre las caras de chicas amateurs.
Ayer, en antes de dormir, pensé en Rosario y me di cuenta que ya no estaba tan enojado, que aunque sólo fuera mi amiga me había gustado dormir con ella abrazado y cuidarla, y darle besos suaves en las mejillas y decirle que era preciosa. Me acordé también de la vez que fui a dejarla a su casa. La vez que nos quedamos en el coche mientras le leía un poema que le acababa de escribir. La vez que se puso a llorar después de oírlo. La vez que nos metimos en silencio a su casa y evitando hacer el menor ruido posible nos encerramos frente a la habitación de su papá (que dormía, borracho, como siempre), nos besamos con las luces apagadas. Yo le bajé despacio el pantalón de mezclilla para evitar que su cinturon hicierra ruido pero al bajarme yo el panatalón, mi evilla se agitaba dando ligeros ruiditos nerviosos. Ella me puso el condón con sus manos delicadas, con sus manos de suicidios, y luego suavemente se sentó sobre mi; yo detuve brevemente su cadera, se pare con cuidado sus nalgas y permiti que el peso de su cuerpo bjara sobre mi pene. Ella cerró los ojos. Yo también, creo, o tal vez no, y si es así la vi cerrar los ojos y moversesobre mí bajo el ruido invisible de la noche. Entonces empujamos y sentimos, o al menos yo sentí, la música de las céulas exitadas dentro de mis intestinos y en todo mi pene. Acariciaba sus piernas. Y rosario, he de decirlo, tenía unas piernas enormes, grandes, largas, y unas gordas, rrellenas y unas tetas no muy grandes pero si o suficintes como para que mis manos subiera y bajaran sobre ella especialmente gustosas.
Me gusta escribir de eso, porque más allá del enojo de los últimos días ese momento sigue ahí, a mitad de una noche, detenido. Y también las otras noches cuando no escribí de ello. La vez que me la mamó afuera de su casa hasta que me vine dentro de su boca. O la vez que cogimos en mi cuarto luego de ver pornografía y le doble las piernas y se la metí rápiudamente y con fuerza.
Ahh, me gustaría cogermela, ahora, y me hace muy bien escribir de esto de este modo. Sin embargo ya me puse tan caliente que ahora no tengo otra opción que sacarme la verga y mastrubarme, rápidamente y con fuerza, pensando en todas esas mamadas y tetas y nalagas y piernas y en esa noche en el bañó de su casa, en silencio, para no despertar a su padre alcoholico.
Ahhh, esto de las chaquetas postmortem. Bueno, va para ti, dulce amiga, dulce Rosario. Con todo mi amor.
Escrito por omar, el 10/08/2010 a las 12:31 am, con las etiquetas: Alegría, Chaquetas, Cogidas, escribir, Masturbación, Rencor, Sexo. Deja un comentario aquí.
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